Se realizó el homenaje a Roberto Carri a 30 años de su secuestro y desaparición

En la sala Augusto Cortazar de la Biblioteca Nacional y ante un nutrido auditorio, tuvo lugar el homenaje (organizado por la Biblioteca y el ISEPCi) al sociólogo desaparecido por la dictadura.

El jueves 22 de marzo, a las 19.00 comenzó el homenaje al sociólogo y militante Roberto Carri. El acto, organizado por la Biblioteca Nacional y el ISEPCi,contó con la presencia de una nutrida concurrencia, entre la que hubo ex alumnos suyos, docentes universitarios, estudiantes y su hija Paula y sus nietos.
Las intervenciones de los panelistas, moderados por Daniel Ezcurra, director del ISEPCi, recorrieron distintos aspectos de la biografía de Carri. Luego, durante el debate, se recuperó su aporte a las experiencias de las Cátedras Nacionales y se hizo mención a su presencia en diversos programas universitarios.
Lucas Rubinich, Director de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, abrió el panel rescatando la figura de Carri como intelectual y militante. "Nosotros queremos formar personas que piensen la sociedad", dijo, "Entonces, ¿cómo recuperar herencias?, ¿cómo inscribirnos productivamente en determinado tipo de tradiciones?". Así, interrogando esta figura, tendió lazos hacia la actualidad de la carrera de la que Carri formó parte. "Para poder resaltar biografías políticas e intelectuales (en el sentido más cabal de la palabra) es necesario poner todas las cartas sobre la mesa: nosotros no queremos olvidarnos de esa herencia". En línea con esta frase, Rubinich dijo: "Carri primero fue estudiante, después profesor y después responsable de la Columna Sur de Montoneros".
A continuación habló Eduardo Luis Duhalde, Secretario de Derecho Humanos de la Nación, amigo personal de Carri y editor, junto con Rodolfo Ortega Peña, de sus libros. Su intervención rescató la figura de Carri desde una mirada más próxima. "Roberto no salió de la facultad como un egresado más. Él no se proponía ser encuestador: él quería muñirse de las herramientas teóricas que le permitieran cambiar la realidad. Él fue un irreverente, un rebelde, por ejemplo, cuando polemizaba con Delich recatando la figura de Jauretche".
Fabio Nigra, docente de la carrera de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, comenzó relatando cómo llegó él, como estudiante, a los textos de Carri. A partir de ese itinerario personal marcado por el azar y no por la Academia, hizo un planteo que estructuró su intervención: "En este país, todavía hay muchos nombres que no aparecen en los programas universitarios. En la actualidad, continuamos desapareciendo gente, silenciándolos, ninguneándolos".
Gonzalo Barciela, docente de la facultad de Derecho de laUBA y miembro del ISEPCi,se centró en la obra de Carri, en su poder transformador y en la necesidad de recuperarla. Ver texto completo de la intervención.
Por último, previo al debate que siguió a las exposiciones, intervino Horacio González, Director de la Biblioteca Nacional. Sus palabras recorrieron la biografía del sociólogo desaparecido como "la figura del militante en una época en que se vivía en permanente querella con esa figura". Matizando sus reflexiones con coloridas anécdotas personales, comparó la figura de Carri con la de Walsh: "el lugar del escritor, el militante y el intelectual suele planteárselo con Walsh; pero Carri también lo es, aunque desde otro lugar, el escritor, el intelectual y el revolucionario que a la vez indaga su conciencia permanentemente". Luego, se refirió a Isidro Velásquez. Formas prerrevolucionarias de la violencia como un texto en el cual encuentra "una sombra, un tizne" del Martín Fierro: "Carri excarbó en el insurgente, en el ilegal, una figura que no se podía inscribir en la Sociología, para polemizar, a la vez, con Murmis y Portantiero y con Germani. Fue un gesto casi blasfemo en esa época". Y concluyó refiriéndose a la película Los rubios, de Albertina Carri (la hija menor), donde dijo encontrar ese mismo gesto del padre: "El nombre de Carri es muy amplio en la Argentina", sintetizó.

CONVOCATORIA A LAS JORNADAS DE HOMENAJE AL COMPAÑERO ROBERTO CARRI A TREINTA AÑOS DE SU SECUESTRO Y DESAPARICIÓN

El error de los formalistas no es que planteen la organización frente a la protesta individual,
sino que crean que la unión es el resultado de la discusión de objetivos.
La unión no significa sumar hombres y organizarlos, sino luchar y vencer;
la unión surge de la victoria, no de la discusión.
Roberto Carri.

Convocamos a restituir un nombre propio, en su profunda densidad histórica. No por obra de vocación exegética alguna o por afán de exactitud filológica, sino en la trama de la temporalidad que nos constituye, en la actualidad del acontecer.
Nuestra reflexión parte de una profunda convicción: aquella que traza su fidelidad a la irrupción plebeya, siempre presente y, a la vez, ausente. Presencia y ausencia, que nos arroja en la brecha misma de la historicidad, a los comienzos bajos y mezquinos, a los silencios y a lo silenciado. Entendemos, entonces, que nuestra tarea y nuestro esfuerzo no está dirigido a exaltar la ocurrencia misma del acontecimiento plebeyo sino en ejercitar sus consecuencias.
Aquellos que detentan el saber de las buenas maneras del conocer, confieren al concepto la solemnidad de los orígenes. El mismo, así, devendría atemporal. Su presencia, siempre postergada, inauguraría el otro tiempo: el de la Academia y sus protocolos. Por el contrario desde la disposición que asumimos, nos encontramos frente aquellos predicados indómitos, reacios a ser formalizados en lenguajes pulcros y en saberes reglamentados. Terreno, entonces, del concepto, de la política que induce un sujeto.
Trazado de líneas de demarcación, centralidad de lo político, que no le acuerda exclusividad, sino que se nutre, antes bien, de la impaciencia instituyente frente a la inercia de lo instituido. Construcción de fronteras y delimitación de un nosotros desafiante, cuya identidad no compele a la rememoración melancólica, sino que se forja en la denuncia activa de lo ausente por venir. Elogio, pues, de la acción, esfuerzo de recomponer el fuera-de-lugar, gesto irreverente que no se asume más que como el todo, y rechaza el acomodaticio rótulo de parte.
Tarea signada, entonces, bajo la figura subjetiva que nos convoca, campo organizado bajo el nombre de Roberto Carri, bipolaridad que se descubre al nombrarlo, echando por tierra toda pretensión de universalidad.
Se trata, entonces, de asumir la política como pensamiento, como ejercicio, desautorizando las funciones legislativas y pedagógicas de la gestión de lo posible. Forzar lo posible para que surja, desafiante, lo imposible. Desplazarnos de la corrección u oportunidad de los enunciados, hacia la conmoción de los dispositivos de enunciación. Recorrer las diagonales que trastocan las identidades políticas pretendidamente saturadas y suturadas. Ejercicio, pues, de afirmación, de apuesta, frente al desengaño de los cultores del escepticismo ilustrado. Empresa colectiva que nos pertenece, antes que por derecho sancionado, por apropiación insumisa.

Daniel Ezcurra, Federico Pensado y Gonzalo Barciela (ISEPCi).