| 8 de mayo de 2012 | Lucía Bianchi | ISEPCi |
| Los pibes nacen pobres, los chorros gobiernan |
| No se conmueven con los miles de jóvenes pobres que son asesinados, perseguidos y torturados por las fuerzas de seguridad que ellos reivindican y dirigen. Sólo hablan si no queda otra, si por alguna variable circunstancial un caso se torna relevante para los medios, esto por supuesto pasa muy pocas veces. |
El mismo día en que presentábamos nuestro libro, denominado ningún Pibe Nace Chorro, ocurrió otro crimen. Fue asesinado Lautaro Bugatto, joven jugador del equipo Banfield. Hacemos aquí una aclaración: no es una tragedia, no es un accidente, no se puede reducir a un “gatillo fácil”. Es una política pública la que produce y genera crímenes y sufrimiento y es esta política a la que hay que denunciar.
El hecho ocurrió ayer (6 de mayo) a la madrugada en las calles Monteverde y Pedro Goyena, en Burzaco, partido de Almirante Brown, cuando un efectivo de la policía Bonaerense ante una supuesta situación delictiva disparó 7 tiros “una bala le dio en la espalda a Bugatto, quien en ese momento se estaba subiendo a su auto junto a su primo y un amigo. El tiro le perforó un pulmón al futbolista, quien murió cuando era asistido en una clínica de la zona” (1). Lautaro se suma a la larga lista de jóvenes que han pagado con su vida una política de in-seguridad-es sostenida desde el Estado. La tía de Bugatto expresó que “fue un asesinato perpetrado por uno de los miembros de la maldita policía bonaerense que, sin estar en servicio, sacó su arma y empezó a disparar hacia un lado y hacia otro, indiscriminadamente” (2).
Otra vez nos conmovemos ante este hecho, lo condenamos, nos duele y desde esta condena, desde este dolor debemos reflexionar como sociedad.
Una de las particularidades de este caso, es que Lautaro era jugador de futbol, lo cual le dio trascendencia mediática. Esto implicó que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli salga a declarar su consternación, que el Ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, asegurara que Bugatto fue “víctima de una irresponsabilidad que conmueve e indigna”. Ahora se indignan, se sorprenden e individualizan el hecho. Un policía loco tiró al aire 7 tiros. Según ellos, la culpa no es de nadie, o mejor dicho es de un policía. El endurecimiento de la política persecutoria a los jóvenes en la provincia de Buenos Aires no tiene nada que ver con este resultado. La concesión de mayor poder a la cúpula mafiosa de la policía bonaerense, aliada desde siempre del gobernador y de los barones del PJ del conurbano, intendentes corruptos y rufianes se ocultan tras un discurso “conmovido e indignado”.
No se conmovieron ni se indignaron cuando la policía secuestró y desapareció a Luciano Arruga, no los conmovió la incansable lucha de su familia y amigos para hacer justicia y saber qué pasó con Luciano. Ni siquiera otorgaron una audiencia a la familia. Citábamos en nuestro libro a Vanesa: “El caso de Luciano tiene que servir para que podamos entre todos instalar una problemática, que es la del gatillo fácil. Hay que pensar de qué forma se ataca la mafia de la bonaerense, que evidentemente por algo no se la quiere tocar. Ser cómplice te ubica en un bando, y no soy cómplice ni quiero ser cómplice de estos asesinos. Todos los que sí lo son, son enemigos: el gobernador de la provincia de Buenos Aires es cómplice, porque no denuncia los hechos y defiende medidas políticas tendientes a reprimir aún más a los sectores pobres. Él avaló que se baje la edad de imputabilidad de los menores; él avala la mano dura en los barrios. El gobierno nacional también, porque criminaliza a los sectores pobres con hechos concretos, como llenar los barrios humildes de gendarmería”, sentencia Vanesa.
Hoy ya nadie busca a Luciano Arruga. De acuerdo a su hermana, no hay rastrillajes ni salidas con perros. Por ello, entiende que el siguiente paso es denunciar al poder político por abandono, y a la fiscal Castelli por complicidad. Si no hubiesen actuado de ese modo, piensa Vanesa, hoy no se estaría hablando de Luciano como un desaparecido, sino como un muerto, pero a quien la familia puede ofrendar una flor” (3)
No se conmueven con los miles de jóvenes pobres que son asesinados, perseguidos y torturados por las fuerzas de seguridad que ellos reivindican y dirigen. Sólo hablan si no queda otra, si por alguna variable circunstancial un caso se torna relevante para los medios, esto por supuesto pasa muy pocas veces.
Son esas fuerzas de seguridad una estructura delictiva instaurada territorialmente. Con poder, armas, contactos, vínculos políticos, judiciales manejan gran parte del delito organizado, cuando no lo hacen, son cómplices silenciosos que habilitan zonas liberadas y miran para otro lado. La lista es larga: narcotráfico, redes de trata y prostíbulos (que desde siempre son ilegales y desde siempre están asociados a los intendentes de las localidades, al menos en la provincia de Buenos Aires) redes delictivas, desarmaderos, reclutamiento de jóvenes para robar obligados bajo amenaza de muerte, coimas, extorsión, zonas liberadas, contrabando, secuestros extorsivos, etc.
El discurso que criminaliza y esconde
En medio, debemos poner el acento en la juventud y desenmascarar aquello que se presenta como invertido, un espejo que nos devuelve una imagen deformada: desde principios del 2005 hasta la actualidad se instituyó en la sociedad la idea de la inseguridad, como si se pudiese hablar de una inseguridad, singular, homogénea.
Mediante el ingeniero trucho, Juan Carlos Blumberg comenzaron a circular los discursos que ubicaban el problema de los delitos en un sector socio-económico bien definido: los jóvenes y adolescentes pobres. El problema acotado a un tema etáreo y de sector social implicaba entonces una sola solución: bajar la edad de punibilidad. Convertir en mayores y responsables a los jóvenes de 16 años.
Poco importa para quienes sostienen esta postura que el gran porcentaje de crímenes sean cometidos por adultos, que en los casos en que se trate de menores (ínfimos estadísticamente) son reclutados por adultos que manejan grandes redes delictivas, que los pobres crezcan y crezca la exclusión como caldo de cultivo para el poder delictivo, para el narcotráfico.
Decimos en el libro: “Con todas estas voces, nos disponemos a descubrir el revés del discurso hegemónico, lo que éste oculta y el espacio desde donde puede ser rebatido, desde el cual la realidad puede ser cambiada. Tal vez la principal paradoja sea que en el sector más vulnerable se puede encontrar la fuerza para cambiar las injusticias estructurales de la sociedad” (4). Por eso nuestros jóvenes participan, se capacitan y abogan por transformar la realidad que vivencian.
Los pibes no nacen chorros, los pibes nacen pobres. Los chorros son los culpables de esa pobreza. Los chorros son los que gobiernan.
Notas
(1) Familiares de Bugatto acusan al policía. Perfil, 7 de mayo de 2012 http://442.perfil.com/2012-05-07-128089-familiares-de-bugatto-acusan-al-policia/
(2) Op Cit
(3) Ningún Pibe Nace Chorro. Capítulo 3. Bianchi Lucia, Gasparini Daniela.
(4) Ningún Pibe Nace Chorro. Capítulo 3. Bianchi Lucia, Gasparini Daniela. |
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