25 de mayo de 2012 | Pablo Marchetti
Periodismo retro
En este relato periodístico esquizofrénico de la realidad nacional de hoy todo merece ser analizado en profundidad. Una profundidad que no es neutralidad ni falta de compromiso, aunque el enunciado parecería una incitación a pararse en el medio, allí donde suelen convivir la tibieza y la mediocridad.
Por supuesto que Boudou sigue siendo un tema. Por supuesto que ante cada nuevo hallazgo en un departamento en Puerto Madero de un pelo de Vanderbroele o de cualquier otro implicado en algún presunto negociado en el presunto entorno del no presunto vicepresidente, Clarín y La Nación mandan la información a la tapa del diario. Por supuesto que el asunto les sigue importando a los dos grandes diarios argentinos tanto o más que lo poco que le importa a la mayoría de los habitantes de este país.

Por supuesto, sí. Y por supuesto que son necesarias una, dos, mil aclaraciones al respecto. Porque en este relato periodístico esquizofrénico de la realidad nacional de hoy todo merece ser analizado en profundidad. Una profundidad que no es neutralidad ni falta de compromiso, aunque el enunciado parecería una incitación a pararse en el medio, allí donde suelen convivir la tibieza y la mediocridad. Pero lo cierto es que ni el Gobierno es el cuco que nos pinta la prensa opositora (o al menos no esa clase de cuco), ni Clarín miente siempre, como nos quieren hacer creer algunos fanáticos oficialistas.

Decir que es ridícula la sobreactuación de Clarín y La Nación con el caso Boudou no significa minimizar la presunta implicancia del vicepresidente en un hecho de corrupción, si es que lo hubiera. Lo que ocurre es que, por un lado, no queda claro que las pruebas presentadas estén a la altura de la pirotecnia que se utiliza para celebrar cada nuevo hallazgo “periodístico”. Y, lo más importante de todo, no se entiende cómo es que se habló tanto de Boudou y tan poco de temas que afectan el bolsillo y, por lo tanto, la vida cotidiana de muchísima gente. Como el aumento del precio de los productos de la canasta básica.

Que en la Argentina resulte carísima la yerba, un producto básico que en los sectores más pobres se utiliza para paliar la ausencia de comida, es un síntoma de que las cosas socialmente no andan bien. Claro que la yerba es lo más visible de una canasta básica que se disparó por las nubes si tomamos como piso el relato oficial sobre los precios. ¿Cuál es la lógica que lleva a Clarín y a La Nación a hablar muchísimo más sobre Boudou que sobre el aumento de precios?

No tengo idea. Pero no logro entender la ventaja, tampoco. Y las hipótesis que se me ocurren son de lo más descabelladas. Por ejemplo, ¿será que en realidad el Gobierno y Clarín acordaron? Bueno, eso no sería raro. Se supone que a esos niveles de decisión deben existir diálogos secretos y pactos. Pasa en toda guerra. Pero, ¿cuál será el acuerdo? Me imagino a alguien del Gobierno diciendo: “Hasta ahora, tu negocio fue ser oficialista y caretearla; ahora, tu negocio va a ser opositor sin disimularlo ni un poquito”.

Sí, perfecto, pero, ¿qué clase de oposición? Me cuesta creer que Boudou provoque más venta de diarios que el aumento de la yerba. Me cuesta creer que todo esto no forme parte de un acuerdo político y de negocios. Me cuesta, me cuesta. De todos modos, hablar de Boudou es parte del pasado. De un pasado que vuelve, como las modas de antaño. Diría, casi, que Boudou-Ciccone son parte de un pasado vintage que resulta muy actual en la Argentina. Tanto que hoy hacen furor el rock de los 80, la tira de Telefe “Graduados” y los arbolitos y las cuevas en el Microcentro porteño.

Boudou pasó de moda y si vuelve es porque es retro. Pero ahora en los diarios se usa el dólar. Clarín y La Nación están obsesionados. En la Semana de Mayo de 2012 daba la sensación de que el pueblo quería saber de qué se trataba… la cotización del blue. Tanto que hoy mismo, con la quita de la concesión a TBA, La Nación siguió apostando al dólar para su título principal de portada.

No es mi intención alegrarme por el cambio de Cirigliano por Roggio; este maquillaje no me produce ni siquiera la minúscula algarabía que me produjo la sobrevaluada y sobrepromocionada “nacionalización” de la mayoría de las acciones de YPF. Pero creo que, periodísticamente, lo de TBA era la noticia del día, por más que el Gobierno haya elegido esta fecha patria para vender humo podrido, con Julio de Vido como cara del “cambio de rumbo” y la “profundización del Modelo”.

Ayer pasó algo similar: mientras Clarín y La Nación fueron, obviamente con el dólar (como si estuvieran en 1989), Página 12 también se puso retro, pero de 2003. Que quede claro: no pretendo minimizar la noticia del hallazgo de los restos de un desaparecido, como el padre de Victoria Montenegro. Simplemente creo se trata de tirar la pelota afuera. Está bien, Página 12 siempre les dio una amplia difusión a los organismos de derechos humanos. Pero este tema pone en evidencia la construcción de un monopolio en torno a la expresión “derechos humanos”.

Aclaro por las dudas: todo bien con la “política de derechos humanos” del Gobierno, en lo que se refiere a los juicios a los represores, identidad, verdad y justicia. Pero si al hablar de “derechos humanos” sólo hablamos del terrorismo de Estado durante la dictadura, quedan afuera el gatillo fácil, la represión en cárceles y comisarías y tantos otros casos de violencia institucional hoy. Y termina ocurriendo lo mismo que hace la derecha con el término “inseguridad”, que sirve cuando un pibe chorro encañona a un arquitecto en Almagro, pero no cuando un policía libera una zona y obliga a un pibe de La Matanza a salir a robar para hacer caja.

Estos temas no forman parte ni del relato de Clarín y La Nación, ni del de Página 12 y Tiempo Argentino. Como tampoco existe en ningún medio la noticia del acuerdo con el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos para poner una base militar norteamericana en el Chaco. Ojo que el asunto no debe ser tan grave: el gobernador Jorge Capitanich aclaró que se trata de una “misión humanitaria”. Sí, lo mismo que dijo hace unos años el ex presidente colombiano Álvaro Uribe cuando lanzó el Plan Colombia.

La cosa, pues, está así: por un lado, los diarios oficialistas prefieren vendernos como un gran avance nacional y popular la quita de la concesión a TBA, y no decir nada de la base estadounidense en el Chaco. Por otro, los grandes diarios “opositores” prefieren ocuparse de los “grandes problemas” que tienen los argentinos que deben viajar al exterior, y no de las enormes facilidades que tienen los soldados norteamericanos que vienen a la Argentina.  

Bienvenidos al relato periodístico esquizofrénico de la realidad nacional. Bienvenidos al periodismo retro. O retro periodismo, como prefieran.
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