No sólo hay que forjar el riñón de la Patria,
Sus costillas de barro, su frente de hormigón:
Es de urgencia poblar su costado de arriba,
Soplarle en la nariz el ciclón de los dioses.
La Patria debe ser una provincia
De la tierra y el cielo.
Leopoldo Marechal
La constitución de la Nación como ejercicio colectivo presupone, y esto es más visible en los momentos donde las crisis se manifiestan, un aliento de reelaboración permanente. Y el acto mismo de esa reinvención enlaza necesariamente el presente con el pasado y el futuro.
Aunque de todas maneras fuera inevitable para cada generación contemplar la casa común a la vez como un devenir y una certeza, lúcidamente, en el poema con que iniciamos este documento Marechal se preguntaba: “¿Con qué derecho yo definía la Patria, bajo un cielo en pañales y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
Ante la lacerante realidad de exclusión social, desintegración territorial, concentración económica y degradación institucional, la transformación de las reglas de juego que forman el nosotros se nos presenta como un imperativo ético a la vez que como una necesidad vital. Pero como en todas las manifestaciones humanas, la forma concreta que asuma el mapa de la organización de la Nación en su conjunto será el reflejo de consensos y hegemonías fundados en los intereses de determinadas alianzas y grupos sociales.
Como ejemplo de lo anterior y cercanos a la celebración de nuestros primeros doscientos años de existencia, es interesante recordar que, en 1910, el centenario significó la autocelebración de una clase dirigente que moldeó el país –pareciendo encaminarse hacia el progreso indefinido– integrándolo al mercado mundial bajo la lógica de una división internacional del trabajo dictada unilateralmente desde el centro a la periferia. Las décadas siguientes pondrían de manifiesto la endeblez estructural del proyecto frente a movimientos político-económicos sobre los que no se tenía mayor incidencia. Huelga decir que a ese modelo de Nación le correspondió una determinada organización del pasado histórico, una institucionalidad, un paradigma de futuro, una racionalidad económica y una huella cultural, convertidos en patrimonio común y organizadores de sentido de la sociedad toda.
Seguramente hoy, cuando no hemos salido aún de la tremenda crisis estructural que nos ha traído hasta este presente, no serán pocas las voces que añoren aquella Argentina y la propongan como el canon del que nunca debimos habernos alejado, convidándonos, en un ejercicio que aúna conservadurismo y fatalismo frente a la globalización en curso, a no resistir la lógica del mercado global para aprovechar las oportunidades que ésta brinda, siguiendo el ejemplo de la clase dominante que dirigiera el país entre finales del siglo XIX y la década de 1930.
Ante esta perspectiva, no es ocioso recordar que ese proceso iniciado hacia la década de 1860 significó la resolución de una larga confrontación entre dos posibilidades de estructuración de la Nación, y que la hegemonía resultante se erigió sobre la derrota del heterogéneo proyecto de las mayorías, como pasara también en el ciclo abierto por la dictadura de 1976.
La pérdida de consenso del neoliberalismo y su crisis estructural abre una nueva etapa en la vida del país, en la cual entendemos imprescindible sentar las bases de un nuevo proyecto de integración nacional y regional desde la perspectiva de los intereses de las mayorías. Concebimos esa acción refundacional como un esfuerzo a la vez político, económico, cultural e institucional, asentado en la conformación de una coalición social capaz de constituirse en identidad y voluntad que nos lleve de la Argentina que somos a la que queremos ser.
Asumiéndonos como una parte más de esa compleja trama, nos proponemos elaborar diagnósticos y líneas de acción, y ofrecerlos al necesario debate sobre las características principales del nuevo proyecto a construir, en un momento donde el horizonte de transformación ha salido del terreno de la digresión teórica para entrar en la esfera de las posibilidades reales.
Lo que concebimos bajo el nombre de PLAN BICENTENARIO es el escenario donde concretaremos nuestros aportes para la elaboración de propuestas en aquellas áreas que entendemos fundamentales y estratégicas para dar respuestas a los desafíos que la situación impone. Inicio |